LA CIUDAD QUE QUIERE CAMBIAR.
Salir de la tranquilidad de Barichara y entrar en Santa Marta, es como darse de bruces con otro país. Es uno de los encantos de Colombia. Variedad de paisajes, de clima, de gente.
Son unos 600 kilómetros que viajando por la noche, suponen unas 10 horas en autobús.
Del interior montañoso al Caribe. Otro paisaje, otra "raza".
En
Santa Marta, salvo los días de tormenta en que alivian las gotas de
lluvia o cuando corre la brisa del mar, no pararás de sudar a no ser que
la potencia del aire acondicionado sea tanta que corra riesgo tu salud.
Ruidosa, la música sale a un volumen desmesurado de cada discoteca,
bar, restaurante, tienda de ropa o puesto de venta ambulante con la
misma reiteración que el bocinazo de los coches.
En el bello Parque de
los novios parece haber casi tantos turistas por metro cuadrado como en Benidorm.
Es la primera impresión del día que llegamos, es sábado.
Tras
volver de La ciudad perdida, con la necesidad de reponer fuerzas, se
imponen dos días de relax. Entonces, descubres una Santa Marta más
tranquila, los visitantes la utilizan como base para sus excursiones al
parque Tayrona, Palomino, Minca, la propia Ciudad Perdida...
Santa
Marta posee condiciones para ser más que localidad de paso. Fue un
importante puerto comercial, tiene varias de las
construcciones más antiguas del continente como la Catedral o la casa
donde pasó sus últimos días, Simón Bolivar, idolatrado por su
importancia política y por sus capacidades amatorias, " tuvo más de 40 amantes" afirma con una mueca de orgullo uno de los trabajadores del Museo del
Oro de Santa Marta.
Además, cuenta con playa en el centro y una oferta gastronómica aceptable y hotelera diversa.
Profundizando en su historia parece que siempre pudo ser la gran ciudad que nunca llegó a ser.
"Santa
Marta está cambiando", rezan carteles por las zonas más céntricas y
peatonalizadas de la ciudad. Un esfuerzo de las autoridades municipales
de modificar la idea de la ciudad como lugar sin más atractivo que ser
base de excursiones a su entorno privilegiado y lugar donde "rumbear" porque son muchas las discotecas y pubs en los que tomar una copa, eso sí, con la música en la mayoría de ellos a un volumen excesivo.
Santa Marta tiene potencial para convertirse en algo más que base de excursiones a otros destinos.
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