martes, 6 de septiembre de 2016

SANTA MARTA

LA CIUDAD QUE QUIERE CAMBIAR.



Salir de la tranquilidad de Barichara y entrar en Santa Marta, es como darse de bruces con otro país. Es uno de los encantos de Colombia. Variedad de paisajes, de clima, de gente.
Son unos 600 kilómetros que  viajando por la noche, suponen unas 10 horas en autobús.
Del interior montañoso al Caribe. Otro paisaje, otra "raza".
En Santa Marta, salvo los días de tormenta en que alivian las gotas de lluvia o cuando corre la brisa del mar, no pararás de sudar a no ser que la potencia del aire acondicionado sea tanta que corra riesgo tu salud. Ruidosa, la música sale a un volumen desmesurado de cada discoteca, bar, restaurante, tienda de ropa o puesto de venta ambulante con la misma reiteración que el bocinazo de los coches.






En el bello Parque de los novios parece haber casi tantos turistas por metro cuadrado como en Benidorm. Es la primera impresión del día que llegamos, es sábado.

Tras volver de La ciudad perdida, con la necesidad de reponer fuerzas, se imponen dos días de relax. Entonces, descubres una Santa Marta más tranquila, los visitantes la utilizan como base para sus excursiones al parque Tayrona, Palomino, Minca, la propia Ciudad Perdida...
Santa Marta posee condiciones para ser más que localidad de paso. Fue un importante puerto comercial, tiene varias de las construcciones más antiguas del continente como la Catedral o la casa donde pasó sus últimos días, Simón Bolivar, idolatrado por su importancia política y por sus capacidades amatorias, " tuvo más de 40  amantes" afirma  con una mueca de orgullo uno de los trabajadores del Museo del Oro de Santa Marta.
Además, cuenta con playa en el centro y una oferta gastronómica aceptable y hotelera diversa.
Profundizando en su historia parece que siempre pudo ser la gran ciudad que nunca llegó a ser.




"Santa Marta está cambiando", rezan carteles por las zonas más céntricas y peatonalizadas de la ciudad. Un esfuerzo de las autoridades municipales de modificar la idea de la ciudad como lugar sin más atractivo que ser base de excursiones a su entorno privilegiado y lugar donde "rumbear" porque son muchas las discotecas y pubs en los que tomar una copa, eso sí, con la música en la mayoría de ellos a un volumen excesivo.
Santa Marta tiene potencial para convertirse en algo más que base de excursiones a otros destinos.




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